#11 Sakiko Nomura

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No es nada fácil encontrar fotógrafas que trabajen el desnudo masculino, y menos aún con un trabajo tan sensible, evocador e intimista como el de la japonesa Sakiko Nomura (Yamaguchi, Japón, 1967).


Discípula durante años del polémico Nobuyoshi Araki, Nomura fotografía principalmente en blanco y negro, aunque con puntuales incursiones en el color. Lleva más de dos décadas dedicada a la exploración intimista del desnudo masculino. Sus hombres son seres que se mueven en un mundo de luces y sombras profundas, encerrados en pequeños espacios privados, y aparecen en situaciones íntimas, totalmente relajados, muchas veces en actitud introspectiva.


La mayoría de los que posan para ella son amigos y conocidos, algo que ayuda a la fotógrafa a crear y reflejar esa atmósfera de intimidad compartida, de complicidad, de abandono ante la cámara (¡el verdadero secreto de un buen retrato!), en la que el observador acaba teniendo la inquietante y excitante sensación de ser un voyeur aceptado. Sus fotos muestran escenas cotidianas, algunas con un toque de erotismo, otras con una profunda sensación de soledad.
Los desnudos de Nomura son diferentes al resto, y lo son porque sus protagonistas irradian una extraña, intrigante y atractiva vulnerabilidad masculina que hace casi imposible no pararse a observarlos con calma, a recrearse en ellos.
Las miradas, los gestos, los cuerpos totalmente relajados… su acercamiento al desnudo está lleno de sutileza, algo nada fácil de conseguir en fotografía, y está demás bañado con cierto toque de melancolía.


Aunque los desnudos masculinos son la columna vertebral de su trabajo, esta japonesa también retrata el cuerpo femenino, los niños, la fauna y los paisajes con la misma personalidad y sensibilidad expresiva.
Aunque ha realizado varias exposiciones, el libro es el formato preferido de Nomura a la hora de mostrar sus fotografías. Suyas son auténticas joyas como ‘About Love’ una recopilación de sus 25 años de trabajo con el desnudo masculino, y ‘Ango’, un fotolibro con base literaria lleno de delicados desnudos femeninos, bodegones y paisajes.


Tenía 18 años cuando empecé a interesarme por la fotografía y lo que comenzó como una cosa pequeña acabó convirtiéndose en mi vida.


Empecé a hacer desnudos casi desde el principio, en la universidad. Eso atrajo a mucha gente que quería posar para mis fotos y así es como seguí haciéndolos durante mucho tiempo.


o es solo el desnudo en sí lo que me fascina, sino el tratar de conectar pequeñas fluctuaciones, la pena profunda, la vida y la muerte, todo lo que amas y te rodea…


El libro es parte fundamental en mi relación con la audiencia. Alguien me dijo una vez que leía mi libro en la cama, y eso me emocionó. El libro se convierte así en una especie de relación secreta que tengo con mi público. El público y yo nos convertimos en cómplices y eso nos permite compartir historias secretas.

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